En tiempos muy lejanos
del pasado y del futuro del reino de la Reina Masa, todo parecía en orden y en
equilibrio. Las Fuerzas actuaban sobre las masas y las masas cambiaban su
movimiento.
Las masas interactuaban permanentemente en sus ya conocidos juegos: el
empujar, el golpear, el impulsar, el equilibrar y otros tanto o más populares
que los nombrados.
Las masas móviles de la Tierra, del Agua y del Aire, se desplazaban de
un lado a otro recorriendo el reino, unas veces para conocer lo que estaba más
allá de las fronteras y otras veces para ir a visitar a masas conocidas.
Había masas de todos
tipos, redondas, cuadradas, en forma de plato, etc. Las que más había no tenían
forma definida y, entre ellas, había algunas bonitas y otras no tanto.
Cierto día una de las fuerzas que gustaba de golpear y arrancar, la
Fuerza Impulsiva, golpeó una masa que estaba tranquilamente descansando a la
sombra de un árbol.
Como era de esperarse, la masa que recibió el golpe salió desprendida
bruscamente del lugar en que se encontraba.
Masita, que era una de
las masas que estaba por ahí, ya estaba aburrida del esfuerzo que tenía que
hacer para iniciar o para mantener un movimiento.
Masita llamó a sus compañeras a revelarse contra los responsables de que
no tuvieran una vida apacible y descansada. Pero sus compañeras le respondieron
que no sabían contra quien revelarse pues no sabían quien era él o la
responsable de tal situación.
Masita consultó a las Fuerzas que andaban por ahí cerca y ellas le
informaron que había una fuerza un poco tímida que no gustaba que las masas se
movieran, y que siempre hacía todo lo que estaba a su alcance para impedirles
el movimiento. La Fuerza de Roce era la responsable.
Las compañeras de
Masita callaron y nada decían a lo que ella les contaba.
Masita insistió: ¡ya estoy aburrida que la Fuerza de Roce impida mis
movimientos! Algo he de hacer a favor de nosotras las masas, especialmente de
aquellas de nosotras que nos gusta movernos. No puede seguir sucediendo que
venga la Fuerza de Roce y nos obligue a detenernos. ¡Es injusto!, decía, que
siempre tenga que soportar los golpes y los empujes de las fuerzas de Contacto
y otras para vencer la oposición de la Fuerza de Roce.
superando todos los
obstáculos que le imponía Fuerza de Roce.
Fuerza de Roce tenía temor que la Reina Masa le encontrara la razón a la
masa inquieta y preguntona y terminara por eliminarla de la familia de las
Fuerzas y quien sabe a dónde la desterraría.
Al final, Masita, muy agotada, llegó al reino y se presentó donde la
Reina Masa, y le dijo:
Mi adorable Reina, yo he sido una fiel súbdita de tu reino, al igual que
muchas de mis compañeras, pero has de saber que hay una Fuerza que nos están
molestando y quisiéramos que tú, con tu gran sabiduría y poder, hicieras algo
para alivianar nuestra existencia.
Y Masita, que no
conocía de la historia de sus antepasadas, empezó a entender lo que su Reina le
decía, ya podía imaginar lo que ocurría cuando la Fuerza de Roce no existía, y
de verdad, que empezó a querer más lo que ahora tenía. En realidad le gustaba
estar con sus amigas, y percibió que si no fuera por Fuerza de Roce, entonces
sus amigas y ellas se irían lejos entre sí y quizás nunca más se hubieran
encontrado.

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