Hace mucho tiempo, casi en los inicios del tiempo de las masas móviles. Una de ellas, que se hacía denominar Raza Humana iba caminando tranquilamente por el bosque cuando uno de los árboles lo llamó y le preguntó:
- Dime Raza Humana, ¿cómo es que puedes caminar y nosotros, los árboles
no?
La Raza Humana, hasta entonces, sólo había caminado y caminado pero
jamás se había hecho esa pregunta, y por más que lo intentó, no logró dar con
una respuesta satisfactoria a la demanda del árbol. Sólo pudo decir:
- Mira hermoso árbol, yo siempre he caminado, y creo que es la Sabia
Naturaleza la que me ha dado esta virtud, pero más no sé al respecto.
Y la Raza Humana siguió su camino, luego se encontró con una gran roca y
ésta le hizo la misma pregunta, y la respuesta de Raza Humana fue la
misma.
Y fueron muchos más los seres inanimados los que interrogaban a Raza
Humana pero éste jamás tuvo una respuesta coherente que dar.
Cuando Raza Humana vio
que eran varios los que querían solucionar su interrogante, los invitó a una
reunión a su casa, levantada a orillas de un hermoso río.
Muchos curiosos se informaron de esa reunión y acudieron a presenciarla
y ver cuál era la respuesta acerca de cómo es que la Raza Humana podía
caminar.
Raza Humana dispuso que la reunión se realizara al aire libre, de tal
forma que todos pudieran escuchar las sabias palabras de los invitados.
Y empezaron a proponerse respuestas:
- El Señor Peso dijo: La Raza Humana, y otros seres, pueden caminar pues
el peso de ellos los obliga a permanecer sobre la superficie de la Tierra. Y
cuando intentan avanzar, elevando uno de los pies, es el peso el que lo obliga
a avanzar y así puede dar un paso, y luego otro y otro más, logrando, entonces,
que pueda caminar.
Inercia escuchó
atentamente las palabras del Señor Peso y agregó: lo que dice el Señor Peso es
cierto, pero soy yo la encargada de que la Raza Humana, y otros seres, dando el
primer paso después continúen avanzando o retrocediendo, si no fuera por mí,
darían el primer paso y ahí quedarían sin poder avanzar o retroceder.
Gravedad, que también había escuchado al Señor Peso y a Inercia, dijo:
cierto lo que dicen ustedes, pero deberán tomar en cuenta, especialmente el
Señor Peso, que si no existiera yo, el Señor Peso no podría actuar sobre la
Raza Humana y otros seres que pueden caminar. Yo le soy muy necesario, pues yo
me encargo de empujar al pie de Raza Humana y otros seres animados a la
superficie de la Tierra.
Fuerza Muscular, que
también andaba por ahí, después de haber escuchado tan brillantes
participaciones del Seño Peso, de Inercia, de Gravedad y su antecesor, la
Fuerza Normal, no pudo más que agregar, muy cierto lo que dicen todos ustedes,
pero, ¿podría caminar la Raza Humana y otros seres animados si yo no hiciera el
intento de mover el pie de ellos? Verán que mi presencia es indispensable, sin
mí es imposible cualquier intento de caminar, si no fuera por mí, lo único que sucedería
es que la Raza Humana estaría igual que los árboles y las rocas, estaría parado
y solo gracias al Señor Peso, Gravedad y Fuerza Normal no se elevaría ni se
hundiría.
La Raza Humana ya creía que tenía la respuesta a la pregunta que tantos
seres le habían hecho y para la cuál no tenía argumentos que justificaran una
buena respuesta.

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