Esta es la historia
del tiempo, que empieza cuando la familia de las fuerzas de roce no existía.
Incluso, dicen, que la princesa Gravedad aún no existía.
Hace tiempo. Mejor dicho: hace mucho tiempo, cuando el reloj aún no
marcaba el tiempo habían solo Estrellas y, entre ellas, el Señor Sol.
Las estrellas vagaban libremente por el espacio sin fin, nada ni nadie
las detenía en su aparentemente lento avanzar, todas se iban a lugares
reservados por la Sabia Naturaleza. Nada obstaculizaba el camino de estas
habitantes que inundaban lo finito y lo infinito, lo extendible y lo
inextendible.
El Señor Sol veía que
el tiempo transcurría y siendo alegre y dinámico estaba aburrido de estar
solitario, veía con pesar el hecho de que los integrantes de su familia se
estaban alejando entre sí. Y decidió un día desprenderse de parte de su cuerpo.
Lo hizo y lo dispersó en su entorno y así nació la familia de los Planetas. Y
para que no tuvieran su propia experiencia, a los Planetas que estaban más
alejados les dio acompañantes que no les hicieran la vida tan triste. Así
nacieron las Lunas.
La Tierra pensó así
misma: “si esto sigue sucediendo todo se va perder, taparé el océano de piedras
y los árboles se me escaparán, ¡algo tengo que hacer!”.
Fue donde su padre, el Señor Sol y le contó su drama, pero el Señor Sol
nada le pudo recomendar ya que no entendía lo que la Tierra le estaba
contando.
Por consejos de su Padre, la Tierra fue donde la Sabia Naturaleza y
ésta, después de escucharlo, le dijo: “querida Tierra, yo te solucionaré el
problema, vuelve a tu lugar, nada temas, pronto verás que todo objeto que
quiera moverse del lugar que ocupa en tu superficie será reconvenido y llamado
a no alejarse demasiado”.
Los habitantes de la
Tierra, no encontraron forma alguna de engañar a las Fuerzas de Roce, siempre
se hicieron presentes, nunca dejaron que un cuerpo de la Tierra se moviera
libremente como las estrellas.
Y así fue que los habitantes de la Tierra tuvieron que reconocer a la
Sabia Naturaleza como la más grande entre todas las grandes. Por fin la Tierra
y sus habitantes no se iban a alejar y perderse en algún lugar, estarían
siempre cercas entre sí, y los obligaría a tener que vivir como familia. Y así
se crearon las familias de habitantes de la Tierra.
Y, entre las familias, estaba la familia de los Hombres.
Y los Hombres dijeron: “gracias Sabia Naturaleza, por ser tan sabia”.

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